Tiempos de Limoncillos
Luis Inoa Moncion

La época de verano, es su mayor abundancia, la muchachada y los adultos nos dábamos gusto, disfrutando un ramillete de limoncillos. Montecristi, se caracteriza, porque en la mayoría de sus patios existe una mata de ellos. Este fruto es originario de la zona tropical de la India y el sureste de Asia, pero se cultiva en América del Sur y Centroamérica. También existe en las islas de las Antillas, como Puerto Rico y Jamaica, donde se les conoce como “quenepa”, así como en algunas regiones del país.
Como Montecristi fue un puerto marítimo de mucho tránsito y movimiento, es posible que alguien trajera algunas semillas o plantas y las dispersara, porque la verdad es que hay bastante diseminadas en todo el pueblo. Su árbol alcanza grandes dimensiones, es frondoso y ofrece una gran sombra. De sus ramas obteníamos horqueta para confeccionar tira piedras, y además palo para fuete.
El fruto del limoncillo tiene un sabor que varía desde ligero ácido hasta dulce, con una pulpa de consistencia gelatinosa y jugosa, y de color amarillento.
En tiempo de playa era uno de nuestros manjares favoritos. Se obtenían en cualquier patio de forma gratuita o a muy bajo precio, salvo algún ventorrillo que los vendiera.
Hubo matas de limoncillos famosas como la de Ñan, señora que vivía al lado de las oficinas del antiguo Correo, frente a la casa de los Richetti, porque al dar a la calle la mayoría de los ramilletes de los frutos, la muchachada lo tumbaba con piedra, palos y se convertía en una disputa constante, porque irritaba a Ñan, señora mal geniosa.
Pero también existieron matas de limoncillos las cuales por la calidad y características de sus frutos eran deseados y tenían gran demanda. Recuerdo la mata de Meca, la compañera de Choto, ubicada frente al antiguo Hotel de Casiadora y luego Academia de Música y cerca de esta también estaba Librada Peralta, la Tuerta, eran limoncillos, que por su masa y sabor tenían un sabor exquisito.
Había que tener cuidados al comer los limoncillos, ya que producía manchas en las ropas difícil de eliminar, lo que se convertía en un dolor de cabeza para nuestras madres, ya que muchacho al fin poníamos poca atención a su efectos. Fueron muchas las pelas recibidas por motivo de las manchas.
A veces por la altura en que se encontraban los ramilletes de limoncillos, en las matas había que proveerse de una vara larga, y hacerle una pequeña ranura en la punta, enganchar los racimos y darle vuelta hasta quebrarlo, bajándolo lentamente para que no se cayeran y maltrataran.
La muchachada disfrutábamos el maroteo de un buen ramillete de limoncillo, como la obtención del tesoro más apreciado, porque la finalidad era chupar su semilla interior con la satisfacción de disfrutar el mejor manjar.
Otros limoncillos famosos por su sabor eran los que existían en los patios de Chinchí Sánchez, doña Sea, Juana la esposa de Prieto Thomen, Tita Curibe, Juana Lora, don Diego de Peña Glas, Jesús Peralta, Francisca Fournier, Doña Ana Celia Campos-Elpidio Helena, Epifania Cambero, doña Cuca Juliao, Gulaberto Tull, Lulo García, don Antonio García, Isidorito de la Cruz, entre otros. Esto solo es una representación de la inmensa cantidad de matas existentes. En el patio de mi casa materna (l.g.i), había una mata de limoncillo, todavía se conserva, pero con menos frondosidad, los frutos, no eran muy dulces, pero tenían una característica y era los jugosos de su interior.
La muchachada disfrutábamos el maroteo de un buen ramillete de limoncillo, como la obtención del tesoro más apreciado, porque la finalidad era chupar su semilla interior con la satisfacción de disfrutar el mejor manjar.
La época de verano, es su mayor abundancia, la muchachada y los adultos nos dábamos gusto, disfrutando un ramillete de limoncillos. Montecristi, se caracteriza, porque en la mayoría de sus patios existe una mata de ellos. Este fruto es originario de la zona tropical de la India y el sureste de Asia, pero se cultiva en América del Sur y Centroamérica. También existe en las islas de las Antillas, como Puerto Rico y Jamaica, donde se les conoce como “quenepa”, así como en algunas regiones del país.
Como Montecristi fue un puerto marítimo de mucho tránsito y movimiento, es posible que alguien trajera algunas semillas o plantas y las dispersara, porque la verdad es que hay bastante diseminadas en todo el pueblo. Su árbol alcanza grandes dimensiones, es frondoso y ofrece una gran sombra. De sus ramas obteníamos horqueta para confeccionar tira piedras, y además palo para fuete.
El fruto del limoncillo tiene un sabor que varía desde ligero ácido hasta dulce, con una pulpa de consistencia gelatinosa y jugosa, y de color amarillento.
En tiempo de playa era uno de nuestros manjares favoritos. Se obtenían en cualquier patio de forma gratuita o a muy bajo precio, salvo algún ventorrillo que los vendiera.
Hubo matas de limoncillos famosas como la de Ñan, señora que vivía al lado de las oficinas del antiguo Correo, frente a la casa de los Richetti, porque al dar a la calle la mayoría de los ramilletes de los frutos, la muchachada lo tumbaba con piedra, palos y se convertía en una disputa constante, porque irritaba a Ñan, señora mal geniosa.
Pero también existieron matas de limoncillos las cuales por la calidad y características de sus frutos eran deseados y tenían gran demanda. Recuerdo la mata de Meca, la compañera de Choto, ubicada frente al antiguo Hotel de Casiadora y luego Academia de Música y cerca de esta también estaba Librada Peralta, la Tuerta, eran limoncillos, que por su masa y sabor tenían un sabor exquisito.
Había que tener cuidados al comer los limoncillos, ya que producía manchas en las ropas difícil de eliminar, lo que se convertía en un dolor de cabeza para nuestras madres, ya que muchacho al fin poníamos poca atención a su efectos. Fueron muchas las pelas recibidas por motivo de las manchas.
A veces por la altura en que se encontraban los ramilletes de limoncillos, en las matas había que proveerse de una vara larga, y hacerle una pequeña ranura en la punta, enganchar los racimos y darle vuelta hasta quebrarlo, bajándolo lentamente para que no se cayeran y maltrataran.
Otros limoncillos famosos por su sabor eran los que existían en los patios de Chinchí Sánchez, doña Sea, Juana la esposa de Prieto Thomen, Tita Curibe, Juana Lora, don Diego de Peña Glas, Jesús Peralta, Francisca Fournier, Doña Ana Celia Campos-Elpidio Helena, Epifania Cambero, doña Cuca Juliao, Gulaberto Tull, Lulo García, don Antonio García, Isidorito de la Cruz, entre otros. Esto solo es una representación de la inmensa cantidad de matas existentes. En el patio de mi casa materna (l.g.i), había una mata de limoncillo, todavía se conserva, pero con menos frondosidad, los frutos, no eran muy dulces, pero tenían una característica y era los jugosos de su interior.
La muchachada disfrutábamos el maroteo de un buen ramillete de limoncillo, como la obtención del tesoro más apreciado, porque la finalidad era chupar su semilla interior con la satisfacción de disfrutar el mejor manjar.