ISABEL

Por Salvador Tabaré Peña

 

 

Hugo Meir era un apacible muchacho que compartía su tiempo entre el trabajo propio de la pequeña granja de sus padres y su afición por la lectura en un pueblito alemán a orillas del Elba.

 Cuando su novia decidió abandonarlo para casarse con un apuesto soldado, Hugo decidió, que solo alejándose lo más posible de aquel ambiente podía desprenderse de aquella sensación de pesar que le corroía el alma.

Tomó un morral y se dirigió al cercano puerto de Hamburgo, enrolándose como grumete en un vapor que se dirigía a América.

Creyó haber llegado al paraíso cuando desembarco en cabo haitiano, un puerto muy movido

De rectas calles y floreciente comercio. Pero duró poco su alegría, apenas comenzaba a entender la complicada jerga de la peonada, cuando explotó la revolución y su patrón, en la tienda de géneros le explico de manera concisa que debían abandonar la ciudad inmediatamente. Sin comentarle, que ser rubio y tener ojos de color azul es un delito  en un país que consigna de manera expresa en su acta de constitución que el propósito de cada ciudadano debe ser matar los blancos, despojarlos de sus propiedades y ultrajarles sus mujeres.

La pequeña goleta en la que Hugo y su patrón se embarcaron apresuradamente en la madrugada, navegó todo el día a contracorriente para cruzar la bahía y depositar su carga en Montecristi, 30 millas al este, en Republica Dominicana.

El patrón restableció su tienda y Hugo aprendió rápidamente a hablar español, incorporándose  a aquella sociedad, donde sus atributos físicos en vez de ser un estigma lo convirtieron en un privilegiado, permitiéndole matrimoniarse con una criolla cuyas toscas facciones solo eran suavizadas por el poder económico de la familia, ricos ganaderos de la región.

De esa unión nació Isabel, protagonista de este relato.

Para cuando ocurrieron los hechos que relataremos a continuación, Isabel estaba en el cenit de su desarrollo personal. Rica, divorciada y políticamente la persona más importante de la región. Fungía como gobernadora de la provincia, pero era del dominio público su intima amistad con el dictador Trujillo.

Faustino García, era un ciudadano común dedicado al cultivo de arroz en una pequeña parcela de su propiedad, cuya vida transcurría apaciblemente. De lunes a sábado al mediodía labraba la tierra, el sábado por la tarde compartía algunos tragos de ron en un bar  del pequeño villorrio de Palo Verde, en compañía de otros amigos agricultores y el domingo asistía a misa en compañía de su esposa e hija, sus amigos de toda la vida lo llamaban Faustinito por su cuerpo enjuto y baja estatura.

Si Faustinito hubiera prestado atención a la lectura bíblica esa mañana de domingo, a lo mejor salva la vida. Pero entre el calor de esa mañana de agosto, la resaca de los tragos de ron del día anterior y lo difícil de descifrar la voz de pato del cura gallego, imposibilitaron que comprendiera el mensaje de aquella lectura que se refería a  un tal Nabot que tenia una viña colindante con el palacio del Rey.

A la salida de misa, Juan, el chofer de Isabel, saludo a Faustinito con visible afecto invitándolo a pasar por la casa de la gobernadora pues aquella había manifestado deseos de hablar con el.

 Faustinito llevo a su casa a la esposa e hija y se dirigió a casa de Isabel. Tocó la puerta siendo recibido por una de las muchachas de servicio quien lo condujo a una amplia terraza donde descansaba la gobernadora.

Isabel lo saludo amigablemente,  e inmediatamente le manifestó su deseo de comprarle la parcela, colindante por tres lados con la extensa finca de su propiedad. Faustinito se negó inmediatamente alegando que ese era el medio de sustento de él y su familia, poniéndole fin a la conversación de manera abrupta.

Había transcurrido mas de dos meses desde la conversación de Faustinito e Isabel.  Para esa época del año el país celebraba el onomástico del perínclito varón que gobernaba el país con mano de hierro, el Banco Agrícola hacía los desembolsos de los prestamos a

agricultores para preparar la cosecha de invierno, las prostitutas del pueblo se dirigían al campo los fines de semana para obtener parte del botín. El poco dinero que los campesinos gastaban de manera dispendiosa al inicio y al final de la cosecha.

Aquel fatídico sábado, faustinito se entretuvo en la parranda con los amigos, cuando reparos, ya entrada la noche, que Armandito se había marchado en el único automóvil que brindaba transporte desde palo verde a Montecristi. Decidió granjearse la compañía de “la china” que revoloteaba cual mariposa tras la luz, buscando un cliente con suficiente solvencia para remunerar una noche de desenfreno carnal.

Faustinito cerró el trato con “la china”, le ordeno esperarlo aseada donde Teresa, la regente de la única posada existente en el lugar, situada en las afueras del poblado, en el camino hacia la Magdalena y cuando abandonó el bar para dirigirse allí, escucho que alguien lo llamaba, acudió sin recelos cuando reconoció a Juan el chofer y fue lo ultimo que vio. pues fue golpeado con un garrote de guayacán por la cabeza, introducido en un saco de henequén y tirado en el baúl del automóvil packart que aguardaba parqueado bajo el frondoso Samán del baldío colindante con el bar.

El automóvil partió con sus dos ocupantes  en el asiento delantero y su carga en el baúl y no se detuvo hasta llegar a la solitaria, un tramo deshabitado de la carretera que une a Montecristi con Santiago, donde Faustinito aún inconsciente fue bajado y muerto de dos tiros de revolver que impactaron su cabeza.      

El domingo temprano, cuando Juan, el chofer, se presentó en compañía del sargento Cabrera donde Isabel, la conversación se desarrolló más o menos en estos términos:

-Doña el asunto de Faustinito está resuelto.

-Ay que bueno, ¿y ahora que va a hacer usted?

-Voy a dejar a Cabrera en la fortaleza y me voy a casa,  pues, no hemos dormido en toda la noche.

-Por favor espere cinco minutos para que me deje en la iglesia, que hoy es domingo primero y tengo que comulgar.

 Salvador tabaré peña, Santo Domingo, 21-12-04

Montecristi Digital se edita en Compulab-Centro de Asistencia Legal, calle Duarte 77, Montecristi, República Dominicana. Teléfono (809 579-2407) Móvil 809-222-3437 Director Dr. Ramón Helena Campos. Hospedaje: Demontecristi.com. Actualizada el Miércoles, 02 Febrero 2011  ©  Todos los derechos reservados. 2001-2010.